La policía como fuerza represora

Podríamos remontarnos a las teorías del origen del estado y analizar cómo las personas hemos delegado la responsabilidad de la seguridad comunal al estado, sin embargo, en nuestros días, los cuerpos policiacos o las policías en teoría tienen el objetivo de preservar la seguridad pública y actual de manera preventiva o correctiva ante contingencias que atenten contra el bienestar de la comunidad, buscando siempre su seguridad e integridad.

En México, no es la excepción, sin embargo, el contraste surge cuando se compara la teoría con la práctica. En la práctica la policía suele ser usada como cuerpo de control y protección al servicio del estado, no de la comunidad.

Es común ver abundantes recursos policiacos destinados para velar por la protección de edificios gubernamentales y empresariales, burócratas de altos nivel, etc.,  pero por otro lado ver raquíticos y hasta nulos recursos en la protección de la comunidad. Mientras se destinan millares de policías para contener manifestaciones pacíficas, suele destinarse sólo  algunas unidades para la vigilancia de los barrios y colonias.

Otro ejemplo es la policía de tránsito. Mientras se destinan cientos de policías de tránsito para contener manifestaciones, no se destinan policías para controlar efectivamente el tránsito de la ciudad en puntos de conflictos vial. Existen muchos policías en automóviles o motocicleta, acechando a conductores en lugares poco visibles en espera de alguno a quien se le pueda detener, aplicar todo el peso de la ley o dejando abierta la posibilidad de beneficiarse del soborno, pero no existen policías que al cometer una falta brinden asesoría para que el conductor evite cometerla de nuevo.

Salvo excepciones que son tan honrosas como escasas, la mayoría carece de criterio propio y —mucho menos— humanístico, se les adiestra para obedecer incluso si la orden en cuestión es inmoral bajo un sentido común.

También hay que mencionarlo, se les trata como esclavos de sus superiores, donde estos pueden intimidarlos y acosarlos de muchas maneras, quizá la más común y la menos violenta: el arresto. Si son tratados como autómatas desechables, entonces esperar que esas personas actúen humanísticamente con la sociedad resulta difícil, por la simple regla de la cadena de la violencia: el maltratado maltratará al siguiente más débil que él.

Los policías comúnmente no tienen instrucción de la normatividad que —en teoría— deben defender y hacer respetar. Cómo es que esperamos que se conduzcan observando los derechos humanos y la normatividad aplicable, si no la conocen.

Como todo lo anterior, existen muchos problemas más. Da la impresión de que la intención siempre ha sido, es y será —por mucho tiempo— que la policía actúe como un cuerpo represor del estado y no como un cuerpo protector de la sociedad.

Nota al pie

Los miembros de la policía que participaron en el cerco realizado a la manifestación de ayer, viernes 17 de junio de 2016, pertenecen a la Secretaría de Seguridad Pública y ésta a su vez al Gobierno de la Ciudad de México. Los titulares y responsables de éstas son Hiram Almeida Estrada [3] y Miguel Ángel Mancera Espinosa [2].

Dicha manifestación fue convocada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y se le sumaron numerosos y diversos grupos de estudiantes, docentes, público en general, etc.

Fuentes y referencias

[1]: Maestros de la CNTE marcharon ayer del Ángel de la Independencia al Zócalo de la Ciudad de México (Foto de Jair Cabrera)
La Jornada
URL: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/06/18/intelectuales-critican-la-201cbrutal-represion201d-contra-los-maestros/cnte.jpg

[2]: Miguel Ángel Mancera
Wikipedia
URL: https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_%C3%81ngel_Mancera

[3]: Hiram Almeida Estrada
Wikipedia
URL: https://es.wikipedia.org/wiki/Hiram_Almeida_Estrada