¿Es barata la gasolina en México?

Luego de que se anunciara la “liberación de precios de los combustibles”, algunos funcionarios del gobierno federal realizaron declaraciones en donde argumentaban que la gasolina en México es más barata que en otros países. Incluso algunos tuvieron el atrevimiento de compararlo con los precios de Noruega.

Si comparamos los precios ajustados a pesos mexicanos (MXN), efectivamente “lucen” más caros que en México. Percibo al menos dos enfoques la comparación considerando el precio del producto y el tiempo que requiere una persona para ganar el dinero necesario para adquirir el producto.

La comparación mediante el precio puede ser realizada en la primera columna de la Imagen 1.

Imagen 1: Comparativa de precios de gasolina realizada por La Jornada.

La comparación que se considera el tiempo necesario para ganar el monto para adquirir la gasolina revela que el precio de la gasolina en México requiere más tiempo de trabajo, por lo tanto, es más caro.

Imagen 2: Comparación de precios contra tiempo de trabajo requerido para adquirir 1 litro de gasolina.

En la Imagen 2, se puede apreciar que si bien en Noruega se tiene el precio de 1 litro de gasolina más alto, en México se requiere trabajar —drásticamente— más tiempo para adquirir ese mismo litro.

Conclusión

Desde mi perspectiva si se quiere considerar una comparación de precios siempre se debe considerar entre los criterios el salario de las personas. No se debe olvidar el principio “el precio de las cosas es el tiempo que te toma trabajar para ganar el dinero suficiente para comprarlo”. Dejar fuera este factor, revela una falta de consideración social, para el consumidor final, no es de interés el precio de un bien o servicio fuera de su ambiente. Por lo tanto, la gasolina en México es definitivamente más cara.

La reacción de consejeros frente a la privatización de la educación

La comunidad estudiantil de Escom vive una crisis de la que parece no ser consciente. Esta consiste en la pobre capacidad de representación y la incapacidad para defensa de los intereses de este sector de la comunidad por parte de sus consejeros y representantes. Probablemente esta situación haya existido durante tanto tiempo que incluso se percibe como ordinaria y no como una crisis.

Particularmente me centraré en la actuación de los consejeros ante los cursos privados que imparten dentro de la ESCOM.

La escuela provee las instalaciones. La empresa paga un monto para arrendar las instalaciones con lo que adquiere el derecho de uso. La empresa administra e imparte los cursos, reservándose el derecho de admisión, así como, del establecimiento del precio de los cursos. Sólamente las personas con aceptación de la empresa pueden tomar los cursos, esto puede ser mediante el pago del curso o una “beca”.

Lo anterior, es contrario a los principios fundacionales del propio IPN, contraviniendo la impartición de educación gratuita dentro de esta casa de estudios, que tiene por objetivo, evitar que el factor económico sea un obstáculo para el acceso a este derecho, la educación. Este espíritu está plasmado en el artículo 5º de la Ley Orgánica del IPN, que a la letra dice La educación que imparta el Instituto Politécnico Nacional será gratuita, y es claro, contundente y sin lugar a interpretaciones.

Todo estudiante del IPN ha sido beneficiario directo de la educación gratuita. Moralmente corresponde a ellos —o nosotros los beneficiados— defender este derecho para que otras personas u otras generaciones, también gocen de este beneficio.

La impartición de educación superior en México no es una obligación del Estado, a diferencia de la educación primaria, secundaria y media superior que si lo es. Sin embargo, las instituciones del Estado que imparten educación están obligadas a hacerlo de forma gratuita.

Este tipo de cursos son una forma de privatización de la educación, al restringir el acceso a las personas que tengan las posibilidades económicas para pagar su costo y —uno que otro afortunado excepcional— de una beca.

Existen empresas dedicadas a la impartición de educación en todos los niveles, asignan cuotas, establecen sus propios planes de estudios, se reservan el derecho de admisión, pero lo hacen en sus instalaciones y no en instalaciones destinadas a la educación pública.

Es esperable, aunque moralmente incorrecto, que cualquier beneficiario de las becas a los cursos se pronuncie en favor de estos, incluso algunos la defenderán, finalmente con esto se logra callar la crítica, se soborna la persona y se corrompe la conciencia. Estas becas, en su naturaleza “escasa”, actúan como una “migaja entre hambrientos”. Algunos otros con mayor prudencia —léase pusilánime— optarán simplemente por guardar silencio.

La mayoría de los estudiantes quedarán excluidos de los beneficios y es completamente lógico, porque un negocio de este tipo nunca tendrá la intención de la educación gratuita o el espíritu de las universidades: la difusión libre de conocimientos. Sólo importa lucrar, sólo importan los que puedan pagarlo.

¿Qué sería de todos estos estudiantes que ahora apoyan esta forma de privatización de la educación, si no hubieran podido acceder a la educación superior por no tener los recursos económicos para pagarla?, la educación de estos estudiantes la pagamos todos a través de nuestros impuestos, mismos que el Estado transfiere a las instituciones.

¿Habrían estado en favor de la educación privatizada si ellos o sus familias no hubieran tenido el dinero suficiente para pagar su educación superior?, seguramente no, pero la amnesia histórica abunda y el compromiso social es nulo.

La reacción de los alumnos consejeros a todos estos actos debió ser el repudio constante de estos cursos, pero contrario a esto, han sido cómplices en alguna forma, donde incluso la omisión es una forma de complicidad.

Cada espacio, cada foro, cada recurso a su alcance, debería ser usado por ellos para exigir que esos cursos sean integrados a su plan de estudios —si consideraran que son conocimientos que deberían tener dentro de su acervo académico—, deberían exigir que todo estudiante tenga la posibilidad de acceder a ellos de la misma forma que se puede acceder a cualquier otra asignatura. Estas acciones tiene el objetivo evidente e incuestionable de beneficiar a los estudiantes, a ellos mismos, a sus compañeros, a sus representados.

Tristemente, lejos de actuar en beneficio de sus compañeros, actúan como empleados fieles a esta empresa, defendiendo a toda costa la existencia de cursos privados, incluso promoviéndolos entre sus compañeros [1] [2] [3] [4] [5] [6] [7] [8]. Por si fuera poco, actúan como “departamento de comunicación social”, “departamento de difusión”, o algo similar, al difundir las convocatorias a cursos, los sorteos de las becas, etc.

Este tipo de acciones por parte de los alumnos consejeros exhiben la falta de empatía con sus compañeros, la falta de conciencia social, la falta de una visión progresista y de inclusión, el desconocimiento de los principios de fundación del IPN y la falta de capacidad para ejercer el cargo de consejeros.

¡He ahí la gran crisis!, estamos hablando de carencias enormes a nivel escolar, ¿qué podemos esperar del futuro de una sociedad con principios así?

Fuentes y Referencias

  1. .
    https://www.facebook.com/groups/alcon.escom/permalink/1316156711779348/
  2. .
    https://www.facebook.com/groups/alcon.escom/permalink/1315107468550939/
  3. .
    https://www.facebook.com/groups/alcon.escom/permalink/1306586076069745/
  4. .
    https://www.facebook.com/groups/alcon.escom/permalink/1306910656037287/
  5. .
    https://www.facebook.com/groups/alcon.escom/permalink/1301489283246091/
  6. .
    https://www.facebook.com/groups/alcon.escom/permalink/1298084390253247/
  7. .
    https://www.facebook.com/groups/alcon.escom/permalink/1297684450293241/
  8. .
    https://www.facebook.com/groups/alcon.escom/permalink/1295641737164179/

Los problemas de México están en México

Durante muchos años, he podido observar que en mi país, en mi sociedad se tiene esa costumbre dañina de pensar que el problema de México no está dentro sino fuera. Siempre esa costumbre de evitar asumir las responsabilidades propias. Los problemas de México están en México.

En las últimas horas de las elecciones presidenciales, aproximadamente las 22:00 horas, las tendencias de los principales periódicos estadounidenses señalaban a Donald Trump como futuro ganador, consecuencia de esto, el peso mexicano (MXN) se devaluaba frente al dólar estadounidense (USD), de 19.70 a 20.50.

Gráfica de tipo de cambio entre el MXN y USD
Gráfica de tipo de cambio entre el peso mexicano (MXN) y el dólar estadounidense (USD) entre las 04:30 y las 16:33 horas (UTC) del 10 de noviembre de 2016, mientras se desarrollaban las elecciones presidenciales de los Estados Unidos y Donald Trump se perfilaba como presidente electo.

Finalmente, la todas las proyecciones convergían en que Trump era el ganador de la elecciones, haciendo realidad el temor de muchos estadounidenses, mexicanos y quizá del mundo entero. El candidato que tuvo como constante durante su campaña presidencial, la promoción de ideas racistas, misóginas, xenofobia, antisociales, elitistas y antipacifistas, sería presidente del estado que —muy probablemente— tenga la mayor influencia y política intervencionista de facto en todo el mundo.

En México así como —seguramente— en otros países, se vivió una gran incertidumbre durante las elecciones, los deseos de que Trump perdiera las elecciones fueron compatibles con la antipatía que se tiene por Hillary Clinton.

Ambos candidatos distan de tener políticas bien vistas o en beneficio para México. Se sabe que Clinton fue una impulsora implacable de que en México el gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN) propusiera —y más adelante aprobada— la Reforma Energética. Incluso cuando fue ampliamente rechazada y criticada por la sociedad mexicana. Simplemente Clinton no era conveniente para los intereses mexicanos, pero Trump tampoco lo fue nunca. Trump era cínicamente antimexicanos, antilatinos, antimigrantes, etc.

Bajo la —sana— consideración de que México no está aislado del mundo. El problema de México, considero, está dentro de México.

Mientras en México no tengamos gobernantes que busquen el crecimiento y desarrollo de la sociedad mexicana, la reducción de la desigualdad social, la implementación de políticas sociales, el impulso de la educación y la ciencia, la conservación y aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, la promoción de valores cívicos y principios básicos de convivencia social, la transparencia de los gobiernos, la participación ciudadana en política, la ampliación de derechos sociales en lugar de su reducción o condicionamiento, la independencia política, económica y científica del país, etc., México seguirá siendo el país que se arrastre detrás de su vecino verdugo.

El problema de México está en su gobierno, porque al ser autoridad y líder de la conducción de las políticas del país, dista mucho de ser un gobierno que haya tenido beneficios evidentes a la sociedad. Sin embargo, el problema de México también está en su sociedad, nosotros.

Somos una sociedad es poco interesada, organizada y participativa en las políticas de su comunidad, tenemos un sentido pobre de grupo, de comunidad y de nación, tenemos una identidad comunal y nacional reducida, tenemos una gran capacidad de olvido histórico, tenemos una antipatía a las raíces nacionales y un gusto exacerbado y adulador por culturas extranjeras, tenemos prácticas racistas contra nosotros mismos y contra nuestros hermanos latinoamericanos, tenemos una educación donde se inculca el individualismo, donde el liderazgo no se relaciona con el beneficio social sino con su depredación, conocemos más sobre prácticas de corrupción que de valores cívicos, etc.

Mientras nuestro gobierno y nosotros, la sociedad mexicana, no cambiemos esto no dejaremos de ser el país victimista, dependiente, servil, agachón, insolidario, pusilánime que hemos venido siendo.

Siempre tendremos la oportunidad optar de ser una mejor sociedad. La oportunidad está en la forma en la que educamos a nuestros hijos, a nuestros alumnos, en nuestra convivencia social, en los actos diarios. Considero que el problema de México —probablemente— se pueda resumir en falta de valores como individuos, comunidades, grupos y nación.