La congruencia en la crítica2 min read

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Nuestros actos, principios y pensamientos, nos definen. Debemos procurar mantener una congruencia si optamos por tener la crítica como estilo de vida.

Habemos muchos que nos hemos mantenido en una posición crítica de nuestro entorno. Misma que no suele ser fácil en un sociedad educada para ser individualista, servil y cupular.

Podemos ver que, salvo en raras excepciones, las jerarquías burocráticas recompensan las sumisiones en vez de recompensar las capacidades. No es común ver, personas críticas, progresistas, humanistas, solidarias en los cargos de servicio público. Suelen ser cargos donde el perfil necesario requiere la capacidad de suprimir la moral y obedecer incondicionalmente.

La lección

Nunca debemos perder la habilidad de criticar, mucho menos la de identificar las falacias y mantener la memoria histórica. Sólo así podremos reconocer aquellos que albergan y conservan esa incongruencia entre sus palabras y sus actos, aquellos que son capaces de desviarse de la ética frente a los intereses individuales y momentáneos, aquellos que sólo dicen ser críticos cuando les es conveniente.

Muchas personas se han mantenido pusilánimes y sumisos ante los atropellos de las autoridades, han optado por callar frente atentados contra sus compañeros —o peor aún, aliarse con el maltratador—, siempre con la esperanza de ser recompensado por esa actitud agachona.

De estos últimos, sólo unos pocos se han dado cuenta que la sumisión no paga bien, no siempre cumple sus promesas y que al final también eran igual de humanos y vulnerables como aquellos que alguna vez vieron sobre sus hombros.

Nunca olvidemos que los servidores públicos tienen la responsabilidad de servir a la sociedad, que las autoridades también son servidores, que los cargos de autoridad no son para priorizar el beneficio personal, ni para atentar contra los demás.

Nunca debemos perder el sentido de solidaridad. Al final todos somos igualmente vulnerables como individuos.

La importancia

Podemos ver que con vicios y prácticas dañinas como las descritas anteriormente nuestro país, sociedad, localidades e instituciones han sido afectadas.

Incluso una simple escuela, como la nuestra, no escapa de esta descripción. No hemos sido capaces como comunidad escolar de ser mejores.

Basta observar las violaciones de derechos de nuestros estudiantes, las condiciones laborales de nuestros trabajadores —docentes y no docentes—, la falta de representación y defensa que tienen estudiantes y trabajadores por parte de sus representantes en el Consejo Técnico Consultivo Escolar.

Por todo lo anterior, urge educar a nuestros estudiantes con valores más humanistas. Urge empezar desde nuestras escuelas. Nos urge más gente crítica pero congruente.

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