La doctrina “Muera el rey, viva el rey” y la adulación5 min read

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Al igual que en la antigüedad, mientras el rey estaba vivo, se le servía, se le atendía, se le veneraba y nunca se le cuestionaba. Al momento de su muerte, todo mundo le lloraba, se le reconocía desmesuradamente con adulaciones sobre lo ejemplar que fue su vida y se procedía a nombrar al siguiente rey. En ese instante, el antiguo pedazo de carne dejaba su importancia y con ello sus privilegios y toda la atención la adquiría el nuevo rey. “Muera el rey, viva el rey” se decía y con tal banalidad se cambiaba el sujeto de adulación.

Muchas naciones han dejado la monarquía por la democracia y en una democracia desarrollada se busca la elección del líder más apto mediante ejercicios críticos, incluso en algunas monarquías modernas, el ejercicio de la crítica a los servidores públicos es férrea. Una democracia desarrollada tiene como base la rendición de cuentas de los servidores públicos y el cuestionamiento a sus actos de gobierno, y con ello tiene una característica que la hace efectivamente una democracia desarrollada: la participación social.

Siempre he mencionado que nuestra escuela —o incluso nuestro instituto— es una muestra representativa de nuestro país como seguramente debe haber otras similares. De ahí que no se puede tener un mejor país, mejores políticos, un mejor congreso, una mejor sociedad si no podemos tener un mejor líder, un mejor consejo técnico, una mejor comunidad. Cambiar un país quizá está fuera de nuestro alcance, pero cambiar una escuela sí lo podría estar si la voluntad existiese y la organización se diera. Este principio de cambiar lo menos para impactar en lo más ha sido citado por muchas personalidades famosas/exitosas de nuestros tiempos.

Luego de la renuncia del director, la comunidad —de manera general— se volcó a la adulación y reverencia, felicitando al exdirector por sus logros en ese cargo, así como por su cargo de mayor jerarquía, pero y ¿la crítica?, ese ejercicio que permite la mejora de servidores públicos mediante la retroalimentación y a la comunidad servida para una elección posterior más inteligente, ¿dónde quedó?, simplemente fue nula.

Se puede entender, aunque no por ello deje de ser reprobable, que de parte del personal administrativo en cargos “de confianza” se dé este comportamiento sumiso y adulador, ya que su independencia se ha perdido en aras de “complacer al jefe” y estar siempre en sus ojos y ser considerado para ascender en la jerarquía burocrática. Recordemos que en nuestro país los servidores públicos no suelen ser designados por las aptitudes y resultados, sino por la reverencia y el servilismo. Tal ha sido una de las prácticas más dañinas que han existido y nuestra historia del siglo XX ofrece un sin número de casos.

De donde no se puede entender es de dos sectores de la comunidad: los académicos y los estudiantes.

En principio los académicos están —o deberían estar— regidos por la crítica y de ahí parte la búsqueda de mayores conocimientos y por otro lado, en estos días, en nuestro país se vive una situación política en donde se han realizado muchos y muy diversos atentados contra el sector de docentes y esto precisamente debería ser razón suficiente para apostar por la crítica y la rendición de cuentas de lo servidores públicos.

Finalmente los estudiantes son el sector más independiente, ya que no está sujeto a condiciones laborales que puedan ser vulneradas y con ello tiene cierta inmunidad a los actos de gobierno. Por otro lado, estos son a quienes finalmente se les debe servir, ellos son la materia prima que requieren las universidades para transformarlos en personas productivas para nuestra sociedad, pero entre los estudiantes también escasea el espíritu crítico.

¿Es acaso estos valores antidemocráticos, este servilismo, esta falta de crítica, esta falta de participación de la comunidad en la vida administrativa y política de la escuela, esta sumisión, etc., es lo que deseamos como institución educativa inculcar entre los más jóvenes que serán —si no es que ya lo son— ciudadanos partícipes de la vida política nuestro país?, ¿acaso queremos promocionar esa práctica donde las personas viven del servicio público cambiando de cargo en cargo sin terminar el periodo por el cual adquirieron el compromiso y así perpetuándose?

¿Acaso han habido ejercicios en donde se evalúe su desempeño como servidor público al frente de una escuela?, ¿acaso su administración marcó un parteaguas en la escuela, para ser un mejor lugar para los estudiantes, un mejor lugar para los trabajadores y un mejor lugar para el público en general?, solo en el caso de que así fuese, resultaría meritorio que un servidor público se le reconozca su servicio y hasta que se le designase en un cargo de mayor jerarquía, mismo que le permita servir mejor a la sociedad e impactarla de mejor manera, pero ¿acaso este es el caso?

No se trata de una persona, se trata de algo más importante que una persona, se trata los valores que una institución educativa quiere inculcar mediante el ejemplo en los jóvenes. Se trata de construir una mejor sociedad.

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